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Las toxinas de las babosas marinas en la invasión de nuevos ecosistemas
Domingo, 13 de Septiembre de 2009 17:16

Las babosas marinas producen venenos para invadir con éxito nuevos ecosistemas. Por primera vez, una investigación ha estudiado el mecanismo químico que utilizan las especies invasoras para establecerse en el nuevo ecosistema.

Expertos en ecología marina han descubierto este proceso en tres babosas marinas (opistobranquios) procedentes del mar Rojo establecidas recientemente en el Mediterráneo oriental, que han logrado asentarse gracias a sintetizar los compuestos químicos que les permiten defenderse de los depredadores.

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La investigación aparece hoy en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS) y está firmada por un equipo multidisciplinar de químicos, ecólogos, taxónomos y biólogos evolutivos de Italia, Grecia, EEUU y España.
 
El especialista en taxonomía y biodiversidad marina del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), José Templado, es uno de los investigadores.
 
La investigación ha permitido conocer el papel que la ecología química juega en la adaptación de las tres especies de babosas encontradas por submarinistas griegos. Todas ellas han conseguido los alimentos que les permiten segregar las sustancias tóxicas que mantienen alejados a los depredadores.
 
«Al igual que en el medio terrestre, los colores vivos de estos nudibranquios que no tienen concha para protegerse advierten de su toxicidad. Pero como los peces no las conocen, las atacan. Por eso han necesitado encontrar el alimento preciso que les permita sintetizar las sustancias tóxicas que las protegen», señala José Templado.
 
Una de las especies se alimenta de pequeños crustáceos del fondo marino y las otras comen algas y una hierba que es también procedente del mar Rojo. Gracias a su metabolismo logran sintetizar hasta cinco compuestos químicos defensivos (aposemáticos). La manera de protegerse es expeler el líquido a través de glándulas de la piel.
 
«Normalmente los peces muerden, pero inmediatamente sueltan la presa ante los distintos tóxicos. Y como tienen memoria terminan aprendiendo que esa no es una buena comida», declara Templado.
 
En el medio terrestre otras especies sin protección se defienden de la misma forma. Es el caso de muchos anfibios y culebras. Pero también hay numerosas especies de plantas que segregan tóxicos que impiden el ataque de orugas o escarabajos.
 
Se trata del primer estudio de ecología química en el medio marino. Gracias a lo descubierto se abre una nueva vía para conocer cuál va a ser la adaptación de las especies invasoras en el nuevo medio.
 
Incluso se podrían buscar respuestas al desafío de las especies invasoras, «que es una de las principales amenazas a que se enfrenta hoy la biodiversidad», afirma Templado.
 
Fuente: elmundo.es
Última actualización el Martes, 08 de Mayo de 2012 13:08